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El gol fantasma de Inglaterra en la final de 1966: la anotación de Geoff Hurst que aún genera debate
Inglaterra fue campeona del mundo en casa durante el Mundial de 1966. Los inventores del fútbol por fin consiguieron que el fútbol regresara a casa con una victoria que, hasta la fecha, no ha sido igualada por el país.
La final fue contra uno de sus acérrimos rivales y no estuvo exenta de polémica. Pero antes de entrar al partido decisivo, vale la pena recordar el camino de los Tres Leones, que sufrieron más de lo esperado antes de levantar el título en Wembley.
El sorteo los acomodó en el Grupo 1. Como anfitriones, la suerte no les sonrió del todo, pues tuvieron que compartir sector con Francia, una potencia europea; Uruguay, bicampeón del mundo; y un México bastante competitivo.
Abrieron el Mundial con muchas dudas frente a la Garra Charrúa y empataron sin goles en Wembley. Las críticas hacia Alf Ramsey comenzaron a aparecer porque las expectativas eran enormes. Sin embargo, también se entendía que Uruguay era un serio candidato al título y, de hecho, el único campeón mundial presente en el grupo.
El segundo partido fue una victoria contra un combativo México que no quería repetir la goleada sufrida años atrás. Los mexicanos cerraron espacios y complicaron mucho a la ofensiva inglesa, pero los goles de Bobby Charlton y Roger Hunt le dieron a Inglaterra los dos puntos.
Con la inercia de esa victoria, cerraron la fase de grupos con otro triunfo idéntico sobre Francia. Roger Hunt volvió a marcar un doblete y el funcionamiento del equipo comenzaba a convencer. La defensa liderada por el imponente Bobby Moore era prácticamente infranqueable, mientras que el ataque empezaba a encontrar ritmo. Ningún gol recibido y confianza en aumento.
El nacimiento de una rivalidad histórica
En cuartos de final se enfrentaron a Argentina. Fue el inicio de una rivalidad histórica y uno de los partidos más polémicos del torneo.
El encuentro fue extremadamente disputado. Geoff Hurst anotó al minuto 78 el gol de la victoria, una acción que los argentinos todavía consideran fuera de lugar.
Argentina jugó gran parte del partido con diez hombres tras la expulsión de Antonio Rattín, una decisión que sigue siendo considerada injusta por muchos. La polémica fue tan grande que policías ingleses tuvieron que escoltar al capitán argentino fuera del campo. El árbitro alemán Rudolf Kreitlein explicó posteriormente que lo expulsó por su actitud y comportamiento.
Como respuesta, Rattín se dirigió al banderín de córner y apretó con fuerza la bandera inglesa. Evidentemente, aquello no cayó nada bien entre los locales. Alf Ramsey incluso prohibió a sus jugadores intercambiar camisetas con los argentinos y, después del partido, calificó a los sudamericanos como “animales”. Así nació uno de los grandes clásicos de las Copas del Mundo.
Portugal puso a prueba a los Tres Leones
En semifinales llegó la prueba más difícil.
El 26 de julio, en Wembley, Inglaterra enfrentó a la sensación del torneo: Portugal y su estrella Eusébio, la temida “Pantera Negra”. Detenerlo había sido una misión imposible incluso para Brasil, el campeón defensor, que había quedado eliminado en la fase de grupos.
Con una defensa perfectamente organizada por Bobby Moore y un Bobby Charlton inspirado, los Tres Leones impusieron su calidad. Charlton marcó un doblete y llevó a Inglaterra a la final. Eusébio logró descontar al minuto 82, convirtiéndose en el primer jugador en vulnerar la defensa inglesa en el torneo, pero no fue suficiente.
El polémico gol que definió la final
En la final esperaba Alemania Federal, campeona del mundo en 1954 y otra auténtica potencia. Con Franz Beckenbauer y Uwe Seeler como máximas figuras, ambos equipos se encontraron el 30 de julio de 1966 en el mítico estadio de Wembley, con la Reina Isabel II como testigo.
Inglaterra inició el partido con mucha intensidad. Bobby Charlton y Geoff Hurst pusieron a prueba al guardameta Hans Tilkowski desde los primeros minutos. Los ingleses avisaban constantemente, pero Alemania Federal demostró por qué era una de las mejores selecciones del planeta.
A pesar del dominio local, un error defensivo fue aprovechado por Helmut Haller para abrir el marcador.
El golpe no desanimó a Inglaterra. Apenas cinco minutos después, Geoff Hurst empató el partido tras un magnífico centro de Bobby Moore. Su remate de cabeza fue perfecto y dejó sin opciones al arquero alemán.
Después de ese frenético inicio, el encuentro entró en una fase más equilibrada. Ambos equipos generaban peligro, pero si no era Gordon Banks quien salvaba a Inglaterra, era Tilkowski quien mantenía con vida a Alemania.
El segundo tiempo fue igual de intenso. Inglaterra atacaba con insistencia buscando el título y encontró recompensa al minuto 78, cuando Martin Peters aprovechó un rebote dentro del área para marcar el 2-1.
Wembley estalló de alegría.
La Copa parecía estar al alcance de la mano.
Pero Alemania nunca se rinde.
Al minuto 89, cuando los aficionados ya se preparaban para celebrar, Wolfgang Weber apareció dentro del área y empató el encuentro. Wembley quedó en silencio. El título se escapaba momentáneamente y el partido se iba a tiempos extra.
Fue entonces cuando nació una de las mayores polémicas en la historia del fútbol.
Al minuto 101, un centro de Alan Ball encontró a Geoff Hurst dentro del área. El delantero controló de manera magistral y sacó un potente disparo que golpeó el travesaño y picó cerca de la línea de gol.
El árbitro suizo Gottfried Dienst dudó.
Los jugadores alemanes protestaron inmediatamente.
Dienst consultó con su asistente soviético Tofiq Bahramov y, tras unos segundos de incertidumbre, señaló el centro del campo.
Gol de Inglaterra.
Wembley explotó en júbilo.
Los alemanes estaban devastados. Para ellos, el balón jamás había cruzado completamente la línea.
La discusión continúa hasta nuestros días.
Con Alemania obligada a arriesgarlo todo, Inglaterra encontró espacios en el tramo final. Al minuto 120, en un contragolpe, Geoff Hurst volvió a aparecer para completar su histórico triplete y sentenciar el partido.
Inglaterra conquistó así su primera y única Copa del Mundo.
Pero el llamado "Gol Fantasma de Wembley" sigue siendo tema de debate casi seis décadas después. Para los ingleses, fue el momento que llevó el fútbol a casa. Para los alemanes, fue un error arbitral que cambió la historia.
Lo único seguro es que aquel disparo de Geoff Hurst no solo decidió una final mundialista.
También creó una de las polémicas eternas en la historia del fútbol.
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