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Boca Juniors deja escapar el triunfo ante Cruzeiro y ahora se juega la vida en la Copa Libertadores
Boca Juniors dejó escapar una victoria que parecía obligatoria ante Cruzeiro, pero la polémica del VAR y un empate lleno de tensión encendieron la alarma en La Bombonera. Ahora, el Xeneize llega al límite y se jugará la clasificación.
Boca explota por el VAR y queda al límite en la Copa Libertadores
La sensación al final de la noche en La Bombonera no fue de empate. Fue de furia, frustración y alarma. Boca Juniors igualó 1-1 frente a Cruzeiro en un partido que dejó una conclusión imposible de ignorar: el margen de error se terminó y el boleto a octavos quedó pendiendo de un hilo.
El gol anulado a Miguel Merentiel en los minutos finales desató bronca dentro y fuera del estadio. Cuando parecía que el Xeneize encontraba el tanto del alivio y dejaba la clasificación casi servida, la revisión arbitral detectó una mano previa de Milton Delgado, anulando una jugada que en cuestión de segundos pasó de desatar locura a sembrar indignación.
Pero detrás de la polémica también queda una verdad incómoda: Boca volvió a sufrir por no liquidar un partido que tuvo bajo control durante largos tramos.
La Bombonera pasó de la ilusión al nerviosismo
Durante gran parte del primer tiempo, Boca mostró la versión que su gente esperaba en una noche copera de máxima tensión. Con intensidad, presión alta y una banda izquierda agresiva liderada por Lautaro Blanco y Tomás Aranda, el equipo argentino empujó a Cruzeiro contra su arco.
El arquero Otávio apareció como el gran responsable de que el marcador no reflejara una superioridad mucho más amplia. Las llegadas se acumulaban, la presión crecía y el gol parecía cuestión de tiempo.
Finalmente apareció Miguel Merentiel, quien empujó el balón tras una gran ejecución a balón parado de Leandro Paredes, desatando una Bombonera que imaginaba una noche mucho más tranquila.
Cruzeiro reaccionó y Boca volvió a sufrir en el peor momento
El complemento mostró una historia distinta. Cruzeiro salió con otra energía, encontró espacios y golpeó donde más daño podía hacer. El empate de Fágner, tras una acción nacida por el sector izquierdo, silenció a un estadio que hasta entonces respiraba confianza.
El golpe fue emocional y futbolístico. Boca perdió seguridad, retrocedió metros y dejó escapar el control mental del partido.
Hubo incluso momentos donde Cruzeiro pareció más cerca del segundo gol que el propio conjunto local de recuperar la ventaja. Esa fragilidad volvió a despertar dudas alrededor de un equipo que, cuando parece tener todo encaminado, se desconecta y se mete solo en problemas.
La expulsión de Gerson, tras una dura entrada sobre Paredes, parecía cambiar el destino del encuentro. Con un hombre más, Boca recuperó territorio y fue empujando a Cruzeiro contra su área, aunque muchas veces más desde la urgencia que desde claridad futbolística.
Boca llega entre bronca e incertidumbre
La imagen final resume perfectamente la noche: jugadores reclamando, tribunas explotando de impotencia y una sensación colectiva de oportunidad desperdiciada.
El VAR dejó la gran polémica de la noche. El Xeneize dejó escapar una ventaja, volvió a depender de momentos individuales y permitió que un rival golpeado creciera en el partido.
Ahora, el empate convierte el próximo duelo ante Universidad Católica en una auténtica final. No habrá margen para cálculos, excusas ni lamentos.





















