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Boca, afuera de la Libertadores: Úbeda no seguirá como entrenador y el club apunta a una reconstrucción
La eliminación de Boca Juniors en la fase de grupos de la Copa Libertadores 2026 ya tiene consecuencias directas. Luego de la derrota 1-0 frente a Universidad Católica en La Bombonera, la dirigencia tomó la decisión de no renovar el contrato de Claudio “El Sifón” Úbeda
La eliminación de Boca Juniors en la fase de grupos de la Copa Libertadores 2026 ya tiene consecuencias directas. Luego de la derrota 1-0 frente a Universidad Católica en La Bombonera, la dirigencia tomó la decisión de no renovar el contrato de Claudio “El Sifón” Úbeda, cuyo vínculo con el club finaliza a fines de junio.
Aunque todavía no hubo una comunicación oficial por parte del club, internamente el ciclo del entrenador se considera terminado. La caída ante el conjunto chileno terminó de profundizar un clima de tensión que venía creciendo desde hace semanas, marcado por malos resultados, rendimientos individuales muy por debajo de lo esperado y una imagen futbolística cada vez más preocupante para un equipo obligado históricamente a competir por la Copa Libertadores.
La derrota ante Universidad Católica aceleró la decisión
La derrota en casa representó uno de los golpes más duros del semestre para el Xeneize. Boca no solo quedó eliminado prematuramente del torneo continental, sino que además volvió a mostrar una preocupante falta de reacción en un partido decisivo. El equipo se vio desconectado, sin ideas, sin intensidad y sin el carácter que demanda una noche copera en La Bombonera.
El foco de las críticas no apunta únicamente al entrenador.
Gran parte de la responsabilidad también recae sobre el plantel, que volvió a quedar en deuda en un escenario de máxima exigencia. Varios referentes estuvieron lejos de su nivel y el equipo mostró una alarmante falta de liderazgo dentro del campo de juego. Boca nunca transmitió sensación de control ni rebeldía futbolística cuando el partido lo exigía, y eso terminó agotando la paciencia de los hinchas.
Durante gran parte de la Libertadores, el equipo mostró irregularidad, poca identidad de juego y serias dificultades para sostener resultados. En los momentos importantes, Boca pareció un equipo frágil emocionalmente, sin respuestas colectivas y con futbolistas que no estuvieron a la altura del peso de la camiseta.

Las críticas también alcanzan a la dirigencia
La dirigencia encabezada por Juan Román Riquelme tampoco escapó a los cuestionamientos. Las decisiones deportivas tomadas en los últimos mercados de pases, la planificación del plantel y la falta de estabilidad en el proyecto futbolístico comenzaron a generar cada vez más dudas entre los hinchas y el entorno del club.
Boca realizó inversiones importantes en los últimos años, pero no logró construir un equipo competitivo a nivel internacional. La eliminación en fase de grupos vuelve a dejar expuestas falencias estructurales que van mucho más allá del entrenador de turno.
Ahora espera O’Higgins en la Copa Sudamericana
Sin embargo, el golpe deportivo no termina allí.
Tras finalizar tercero en su grupo, Boca deberá disputar el repechaje de los 16avos de final de la Copa Sudamericana frente a O'Higgins, otro equipo chileno que, al menos en el presente, aparece como un rival mucho más incómodo de lo que el contexto histórico podría indicar. El delicado momento futbolístico y anímico del Xeneize transforma esa serie en una amenaza real para un plantel que hoy transmite más dudas que certezas.
Lejos de representar un alivio, el descenso a la Sudamericana se vive puertas adentro casi como una obligación incómoda. Boca estará obligado a competir un torneo que históricamente no aparece entre sus prioridades, pero que ahora podría convertirse en la única vía para maquillar un semestre decepcionante.
¿Se viene un Superclásico internacional en semifinales?
En otra de las llaves, además, aparece un escenario que ya comienza a generar expectativa en todo el continente. River Plate espera en octavos de final por el ganador de la serie entre Independiente Santa Fe y Caracas, y en caso de que ambos gigantes argentinos logren avanzar en sus respectivas llaves, el fútbol sudamericano podría regalar un nuevo Superclásico internacional en semifinales.
Sería un cruce de altísimo voltaje emocional y deportivo, con un premio enorme en juego: el boleto a una hipotética final continental en Barranquilla.
Pero hoy, en Boca, pensar en una semifinal parece demasiado lejano.
Boca busca un nuevo rumbo para el segundo semestre
La realidad marca que el equipo atraviesa uno de sus momentos más frágiles de los últimos años. Sin funcionamiento, sin respuestas futbolísticas y con un clima institucional cada vez más tenso, el club se enfrenta a semanas decisivas para redefinir el rumbo de un proyecto que volvió a quedar en deuda en el escenario más importante de Sudamérica.
Úbeda, que había asumido con la intención de ordenar un contexto complejo, terminará su ciclo sin títulos y con una despedida marcada por el descontento generalizado. Más allá de algunos momentos positivos aislados, nunca logró consolidar una idea futbolística ni recuperar la solidez que Boca necesita para competir en el máximo nivel continental.
Mientras tanto, el plantel fue licenciado por poco más de dos semanas y retomará los entrenamientos el próximo 18 de junio en el Predio de Ezeiza. La intención de la dirigencia es que para entonces ya exista un nuevo cuerpo técnico al mando del equipo, pensando en el segundo semestre de 2026.
Por ahora, no trascendieron nombres concretos para reemplazar a Úbeda. Sin embargo, puertas adentro saben que la próxima elección será determinante. Boca necesita mucho más que un cambio de entrenador: necesita reconstruir credibilidad, recuperar identidad y volver a estar a la altura de su historia.












