El estreno del nuevo estadio de los Buffalo Bills no ha estado libre de polémica. Después de las críticas de algunos aficionados por la visibilidad desde determinadas zonas de las gradas, ahora la atención se centra en el estado del terreno de juego.
Siguen las críticas al nuevo estadio de los Bills
El nuevo Highmark Stadium de los Buffalo Bills, una obra valorada en 2,200 millones de dólares, vuelve a estar bajo cuestionamientos después de que la franquicia decidiera reemplazar el césped natural tras detectar problemas durante la pretemporada.
La franquicia decidió retirar y sustituir el césped natural después de que los primeros partidos de pretemporada dejaran al descubierto zonas deterioradas, partes sin pasto y secciones donde el césped se levantaba durante algunas acciones.
Aunque la superficie cumplía técnicamente con los estándares de seguridad y jugabilidad establecidos por la NFL, los Bills optaron por realizar modificaciones antes de que avance la temporada regular.
Buffalo decide cambiar el césped
Pete Guelli, presidente de operaciones comerciales de los Bills, explicó que la organización busca ofrecer las mejores condiciones posibles a sus jugadores y consideró que este era el momento adecuado para renovar completamente la superficie.

La decisión llega antes de una serie de tres encuentros consecutivos como local entre las semanas 2 y 4, periodo que permitirá al equipo evaluar el comportamiento del nuevo campo en condiciones de competencia.
El tema tiene especial importancia para Josh Allen, quien anteriormente ha manifestado su preferencia por jugar sobre césped natural.
El quarterback de Buffalo ha señalado que considera esta superficie más favorable para los jugadores y ha explicado que puede sentir diferencias físicas después de competir o entrenar sobre campos artificiales.
Las críticas comenzaron desde las gradas
Los inconvenientes con el terreno de juego se suman a las observaciones realizadas por aficionados después de un entrenamiento abierto celebrado el 8 de agosto.
En redes sociales circularon imágenes de algunos asientos con visibilidad limitada, generando cuestionamientos sobre la experiencia que ofrecerá el nuevo inmueble.
El estadio, cuyo costo ronda los 2,200 millones de dólares, estaba llamado a representar el inicio de una nueva etapa para los Buffalo Bills, pero sus primeras semanas han quedado marcadas por varios ajustes.
La franquicia sostiene que el césped natural todavía requiere tiempo para asentarse, pero el reemplazo anticipado demuestra que no quiere correr riesgos con las condiciones del campo.
Si la nueva superficie responde correctamente durante la temporada regular, las polémicas de la pretemporada podrían quedar atrás rápidamente. Sin embargo, cualquier nuevo inconveniente mantendría bajo presión a un estadio que todavía busca justificar las enormes expectativas generadas alrededor de su construcción.













