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La final de 1990: el penal sancionado a favor de Alemania Federal ante Argentina que definió el título
Italia 1990 fue uno de los Mundiales más recordados de la historia, tanto por la escasez de goles como por el marcado enfoque defensivo que predominó durante el torneo. El ambiente fue espectacular y dejó episodios memorables, aunque futbolísticamente no suele considerarse una de las mejores Copas del Mundo.
Argentina, vigente campeona del mundo, buscaba el bicampeonato frente a Alemania Federal. Además, quería convertirse en el primer equipo americano desde Brasil en conquistar un Mundial en suelo europeo, algo que la Verdeamarela había conseguido en Suecia 1958 de la mano de Pelé.
Un camino lleno de obstáculos para la Albiceleste
El camino de Argentina fue accidentado desde antes del inicio del torneo. Las lesiones golpearon duramente al plantel. Jorge Valdano nunca logró recuperarse de un desgarro sufrido semanas antes del Mundial. José Luis "Tata" Brown, uno de los héroes de la final de 1986, quedó fuera por problemas en la rodilla, mientras que Néstor Clausen también arrastraba molestias musculares.
A ello se sumaba la situación física de Diego Armando Maradona. Aunque venía de conquistar la Serie A con el Napoli, llegaba con diversas molestias y lejos de su mejor condición. Sin embargo, Maradona siempre parecía transformarse en los Mundiales. Además, Argentina contaba con un joven Claudio Paul Caniggia, cuya velocidad y desequilibrio lo convertían en uno de los jugadores más peligrosos del equipo.
El torneo comenzó de la peor manera para el campeón. Argentina cayó en el partido inaugural ante Camerún tras un error de Nery Pumpido y un memorable cabezazo de François Omam-Biyik.
El segundo encuentro era de ganar o ganar, y allí apareció el genio de Diego con una especie de "Mano de Dios, parte dos". Con el marcador empatado sin goles, un remate soviético superó a Sergio Goycochea, pero Maradona, ubicado sobre la línea de gol, despejó el balón con la mano. Las protestas fueron enormes, pero, como en México 1986, nadie vio la infracción.
Argentina terminaría ganando 2-0 con goles de Pedro Troglio y Jorge Burruchaga. Sin embargo, el triunfo tuvo un costo muy alto: Nery Pumpido sufrió una fractura de peroné y tuvo que abandonar el torneo. Su reemplazo fue Sergio Goycochea, quien ingresó precisamente en aquel partido y terminaría convirtiéndose en una de las figuras del Mundial.
El tercer partido marcó un antes y un después para la Albiceleste. Maradona sufrió una durísima entrada que le provocó un esguince de tobillo y además le arrancaron una uña del pie izquierdo. A partir de entonces tuvo que jugar infiltrado y con un zapato improvisado para evitar el roce del dedo con los Puma King. Argentina empató con Rumania y avanzó como uno de los mejores terceros lugares.
En octavos de final esperaba Brasil. En un partido muy sufrido, Argentina sobrevivió y ganó gracias a una genial asistencia de Maradona y la definición de Caniggia. En cuartos de final empató ante Yugoslavia y avanzó en los penales, con Goycochea como héroe, pese a que Maradona falló su lanzamiento.
La semifinal frente a Italia tuvo un componente especial. Se disputó en Nápoles, la ciudad donde Maradona era ídolo absoluto. Argentina eliminó al anfitrión en la tanda de penales y se ganó el rechazo de buena parte del país. Para muchos italianos, Diego pasó de héroe a enemigo público número uno.
Por su parte, Alemania Federal fue una auténtica máquina durante todo el torneo. Ganó su grupo con autoridad, eliminó a Países Bajos, el vigente campeón de Europa, en octavos de final, superó a Checoslovaquia en cuartos gracias a un gol de Lothar Matthäus y derrotó a Inglaterra en una emocionante semifinal que se definió desde los once pasos.
Una final cerrada y una decisión que cambió la historia
La mesa estaba servida para la revancha de la final de México 1986. Desde los himnos nacionales se percibía la tensión. El público italiano abucheó el himno argentino y Maradona reaccionó visiblemente molesto.
El partido fue muy diferente al de cuatro años antes. Se convirtió en un encuentro trabado, físico y con pocas ocasiones de gol. Argentina llegó al límite de sus fuerzas después de disputar tiempos extra en varias rondas y con numerosos jugadores lesionados. Incluso Óscar Ruggeri tuvo que abandonar el campo por una pubalgia.
Además, la Albiceleste no contaba con Caniggia, suspendido por acumulación de tarjetas amarillas. Sin su futbolista más desequilibrante, la esperanza argentina parecía centrarse en resistir y llegar a una definición por penales, confiando nuevamente en Sergio Goycochea.
Alemania Federal asumió el control de la posesión desde el inicio, pero se encontró con una defensa argentina que resistía con orgullo y sacrificio. La final es recordada como una de las más discretas en la historia de los Mundiales debido a la escasez de ocasiones y al constante choque táctico entre ambos equipos.
Cuando el partido entraba en su recta final, Argentina recibió otro golpe. Al minuto 65, Pedro Monzón cometió una dura falta sobre Jürgen Klinsmann y el árbitro mexicano Edgardo Codesal le mostró la tarjeta roja. Se convirtió así en el primer jugador expulsado en una final de la Copa del Mundo.
Con un hombre menos y prácticamente sin energías, Argentina sufrió el momento más polémico del encuentro al minuto 85. Rudi Völler ingresó al área y Roberto Sensini fue al suelo para disputar el balón. La acción pareció una jugada normal para muchos observadores, pero Codesal señaló penal.
Los reclamos argentinos fueron inmediatos. En medio de las protestas, Gustavo Dezotti también fue expulsado. El campeón agonizaba.
El penal de la polémica y el tercer título alemán
El encargado habitual de ejecutar los penales era el capitán alemán, Lothar Matthäus, pero una curiosa historia cambió los planes. Años antes había prestado unos botines a Maradona y quedó fascinado por la forma en que Diego los ataba. Desde entonces utilizó ese mismo par durante años en la selección alemana. Sin embargo, el día de la final aquellos botines se rompieron y Matthäus tuvo que utilizar otro par con el que no se sentía cómodo. Por ello cedió la responsabilidad a Andreas Brehme, un especialista desde los once metros.
Frente a él estaba Sergio Goycochea, el héroe de las tandas de penales. El problema era que Brehme podía rematar con ambas piernas, algo que dificultaba anticipar su disparo. El alemán ejecutó con precisión quirúrgica. Goycochea adivinó la dirección, pero llegó apenas unos centímetros tarde. El balón besó la red y Alemania Federal quedó a minutos de proclamarse campeona del mundo.
Poco después llegó el silbatazo final. Maradona terminó destrozado física y emocionalmente, mientras Alemania Federal celebraba su tercera Copa del Mundo. Meses más tarde, aquel título se convertiría también en un símbolo de la reunificación alemana tras la caída del Muro de Berlín.
Más de tres décadas después, la decisión de Edgardo Codesal sigue siendo objeto de debate. Para algunos fue un penal claro; para otros, una sanción excesiva que terminó definiendo una de las finales más polémicas en la historia de los Mundiales.
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