Fermín López y su noche más dura en La Masia que casi lo cambia todo
Antes de consolidarse en el primer equipo del Barça, Fermín estuvo a punto de rendirse. Hubo lágrimas, dudas y una decisión que pudo cambiar su historia para siempre.
De las lágrimas al convencimiento
Cuando Fermín López firmó su primer contrato profesional con el FC Barcelona a los 16 años, el talento estaba ahí, pero el cuerpo aún no acompañaba. Su físico, muy por debajo del de sus compañeros en categorías formativas, convirtió su camino en una carrera de resistencia. En más de una ocasión se sintió inferior, invisible y lejos del sueño que lo había llevado hasta La Masia.
El propio futbolista reconoció que hubo momentos especialmente duros durante su etapa de cadete. No pensó en abandonar el fútbol como tal, pero sí en volver a casa. Lloró en silencio, lo pasó mal y llegó a plantearse tirar la toalla. La exigencia diaria, la falta de minutos y la comparación constante con otros talentos hicieron mella en su confianza.
El punto de inflexión lejos del Camp Nou
Todo empezó a cambiar tras su cesión en el Linares Deportivo. Allí, lejos de los focos, Fermín maduró como persona y como jugador. Ganó confianza, minutos y carácter. Al regresar, tuvo opciones de salir a clubes de Segunda División, pero decidió quedarse y pelear por su sitio.
El crecimiento físico llegó tarde, entre los 17 y 18 años, pero fue decisivo. En la pretemporada con el primer equipo firmó su presentación en sociedad con un golazo desde fuera del área ante el Real Madrid, una acción que confirmó que estaba listo para competir al máximo nivel. Su energía, dinamismo y capacidad para aparecer en cualquier zona del campo se convirtieron en su sello.
Energía dentro y fuera del campo
Desde el vestuario destacan su intensidad. Compañeros como Ronald Araújo le han señalado que va “demasiado rápido”, algo que el propio Fermín reconoce con naturalidad. Fuera del campo, su vida es discreta: fútbol, su novia, su perro, la consola, alguna escapada a jugar bolos y los platos de siempre, desde sushi hasta las lentejas de su abuela.
No es supersticioso, aunque admite pequeñas manías cuando un partido sale bien. Y si algún día le tocara decidir fichajes, no lo duda: traería de vuelta a Lionel Messi. Su ambición, eso sí, no cambia: ganar todos los títulos posibles, incluida la UEFA Champions League y el FIFA World Cup con España.












