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¿Cuál fue el primer problema que ha solucionado José Mourinho en el Real Madrid?
La segunda etapa del entrenador portugués con los "Merengues" empieza a rendir dividendos desde los primeros partidos. Acá todos los detalles.
José Mourinho llegó al Real Madrid con una misión clara: devolverle al equipo el orden defensivo que había perdido. Antes de pensar en grandes exhibiciones ofensivas, el técnico portugués puso el foco en la defensa, convencido de que un equipo capaz de competir como un bloque tendría más opciones de ganar.
UN MADRID QUE NECESITABA RECUPERAR EL ORDEN
Desde sus primeros meses en el banquillo blanco, Mourinho insistió en una idea que marcaría su etapa: defender no era una tarea exclusiva de los centrales y los centrocampistas. El equipo debía moverse unido, presionar junto y reducir los espacios.
El portugués lo resumió entonces con una frase que definía perfectamente su filosofía: “La magia y la creatividad no tienen nada que ver con ser organizado o no ser organizado. Y mis equipos son organizados”. Para Mourinho, el talento ofensivo del Madrid necesitaba una estructura que lo respaldara.
DEFENDER CON ONCE, LA PRIMERA GRAN CONSIGNA
El entrenador detectó que uno de los principales problemas estaba en la distancia entre líneas. Por eso reclamó compromiso colectivo y convirtió la presión tras pérdida en una de sus principales herramientas.
“Hay que defender con once”, explicó Mourinho, dejando claro que no quería jugadores desconectados de la fase defensiva. Su objetivo era recuperar la pelota lejos de su propia portería y evitar que el rival obligara al Madrid a correr hacia atrás.
La organización también permitía que los futbolistas ofensivos participaran en la recuperación. Como explicó el técnico: “Esta organización nos permite recuperar balones altos, sin tener que bajar”. La idea era sencilla: cuanto más arriba recuperara el Madrid, menos tiempo tendría el adversario para atacar.
LA SOLIDEZ COMO PUNTO DE PARTIDA
Mourinho tampoco hacía concesiones en el perfil de sus defensas. La salida de balón podía ser importante, pero nunca debía estar por encima de la contundencia y la solidez. Su mensaje fue especialmente claro al hablar de los centrales: “Primero hay que defender”.
Ese principio terminó convirtiéndose en una de las señas de identidad del Real Madrid de Mourinho. La defensa no era simplemente una obligación, sino el punto de partida para construir un equipo competitivo, intenso y ordenado.
El técnico portugués sabía que el Real Madrid tenía talento suficiente para marcar muchos goles. Su primer gran desafío era conseguir que también supiera sufrir, cerrar espacios y mantenerse unido. Antes de construir una máquina ofensiva, Mourinho quiso convertir al Madrid en una roca.


















