La sorprendente eliminación de Alemania en Rusia 2018
Los campeones del mundo parecen cargar con una especie de maldición. Una deuda que el fútbol les cobra cuatro años después de haber tocado la gloria. Alemania en Rusia 2018 fue otro ejemplo de ello, protagonizando una de las eliminaciones más sorprendentes en la historia de las Copas del Mundo.
La Mannschaft llegó al Mundial como una de las grandes favoritas para levantar el trofeo. Después de conquistar Brasil 2014, el equipo de Joachim Löw parecía tener todo para convertirse en el primer bicampeón mundial desde Brasil en 1962.
Las eliminatorias habían sido perfectas. Alemania disputó 10 partidos, ganó los 10, anotó 43 goles y apenas recibió cuatro. Era una auténtica máquina de fútbol. Además, acumulaba 19 encuentros sin conocer la derrota desde la Eurocopa de 2016, una racha que reforzaba la sensación de que estaban destinados a defender exitosamente su corona.
Sin embargo, algunas señales comenzaron a aparecer y pocos les prestaron atención.
Los dos últimos partidos de 2017 dejaron dudas. Un empate sin goles ante Inglaterra en Wembley y otro empate 2-2 contra Francia en Colonia fueron tomados como simples amistosos de preparación. Pero detrás de los resultados había algo más preocupante: el funcionamiento ya no era el mismo.
La tendencia continuó en 2018. Alemania empató con España en Düsseldorf, perdió contra Brasil en Berlín y sufrió una dolorosa derrota ante Austria en Klagenfurt. De pronto, la campeona del mundo acumulaba cinco partidos consecutivos sin ganar y las alarmas comenzaban a encenderse.
Una sufrida victoria 2-1 sobre Arabia Saudita en Leverkusen, días antes del debut mundialista, tampoco ayudó a disipar las dudas. Aun así, seguían siendo los campeones del mundo y pocos se atrevían a descartarlos.
Sobre Alemania también se proyectaba la sombra de una tendencia cada vez más evidente. Italia ganó el Mundial de 2006 y quedó eliminada en fase de grupos en 2010. España conquistó Sudáfrica 2010 y cayó en primera ronda en Brasil 2014. La llamada "maldición del campeón" parecía perseguir a los monarcas mundiales, pero los alemanes confiaban en ser la excepción.
Un debut que cambió todo
El 17 de junio de 2018, en el Estadio Luzhnikí de Moscú, comenzó la defensa de su título.
Su rival era México.
Cuando el sorteo determinó ese enfrentamiento, la mayoría de los pronósticos favorecían ampliamente a Alemania. Sin embargo, el seleccionador Juan Carlos Osorio transmitía una confianza que pocos entendían.
Lo que ocurrió aquella tarde sorprendió al mundo.
México jugó uno de los mejores partidos de su historia en Copas del Mundo. El Luzhnikí se transformó por momentos en una extensión del Estadio Azteca gracias al apoyo de la afición mexicana. Hirving Lozano marcó el único gol del encuentro en el primer tiempo y después llegó el sufrimiento.
Pero esa selección sabía resistir.
México derrotó 1-0 al campeón del mundo y consiguió una de las victorias más importantes de su historia.
Para Alemania fue un golpe inesperado. Las críticas comenzaron a multiplicarse y la presión aumentó considerablemente. El segundo partido, frente a Suecia en Sochi, se convirtió en una auténtica final.
Los suecos tomaron ventaja gracias a Ola Toivonen, mientras que Marco Reus empató al inicio del segundo tiempo. El empate servía de poco y el tiempo se agotaba. Entonces apareció Toni Kroos.
Al minuto 95, con un tiro libre magistral, el mediocampista del Real Madrid marcó uno de los goles más dramáticos de aquel Mundial. Alemania sobrevivía y mantenía viva la esperanza de avanzar a los octavos de final.
La noche del desastre en Kazán
Todo se decidiría el 27 de junio en Kazán frente a República de Corea.
Mientras Suecia goleaba a México en el otro partido del grupo, Alemania era incapaz de encontrar soluciones ante una selección coreana que resistía cada ataque. Los alemanes necesitaban ganar para asegurar la clasificación, pero el tiempo transcurría y la desesperación aumentaba.
Entonces llegó el desastre.
En tiempo de compensación, Kim Young-gwon aprovechó un balón suelto dentro del área para abrir el marcador. Alemania se lanzó al ataque con todo, incluso con Manuel Neuer jugando como un mediocampista más. La apuesta resultó fatal.
Minutos después, Son Heung-min aprovechó un contragolpe para marcar el 2-0 definitivo.
El silbatazo final confirmó lo impensable.
Alemania estaba eliminada.
Por primera vez en su historia como selección unificada, la Mannschaft quedaba fuera en la fase de grupos de una Copa del Mundo.
La caída tuvo varias explicaciones. El equipo venía mostrando una disminución en su nivel desde meses antes del torneo, pero Joachim Löw nunca logró corregirla. Además, apostó por mantener la base del grupo campeón en 2014 y el relevo generacional llegó demasiado tarde. Muchos de los jugadores que habían dominado el fútbol mundial cuatro años antes ya no estaban en su mejor nivel.
Lo más preocupante para Alemania fue que la historia volvió a repetirse.
En Qatar 2022 también quedaron eliminados en la fase de grupos, algo impensable para una selección tetracampeona del mundo y una de las grandes potencias históricas del fútbol.
Sin embargo, el fútbol alemán ha demostrado una y otra vez su capacidad para reconstruirse. Tras dos procesos mundialistas decepcionantes, una nueva generación ya tomó el relevo y busca devolver a la Mannschaft al lugar que históricamente ha ocupado.
Porque si algo ha enseñado Alemania a lo largo de los años es que puede caer.
Pero rara vez permanece en el suelo.
Y en esta Copa Mundial de la FIFA, el objetivo es claro: dejar atrás los fantasmas de Rusia y Qatar, conquistar la quinta estrella y regresar a la cima del fútbol mundial.
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