De la Fuente responde: “Nosotros sí queríamos jugar”
Las declaraciones de Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol, en las que aseguró que Argentina era bicampeona de la Finalissima porque España no se había presentado a disputar el partido, no cayeron nada bien en la Federación Española.
Luis de la Fuente, durante la conferencia de prensa previa a los amistosos de La Roja frente a Serbia y Egipto, respondió de forma directa a esos comentarios. El seleccionador español fue claro: “Dos no juegan si uno no quiere, y nosotros sí queríamos jugar”.
Además, dejó en claro que para España nunca fue un problema la sede del encuentro. De la Fuente explicó que la selección estaba dispuesta a disputar la Finalissima sin importar si se jugaba en Doha, Buenos Aires o cualquier otro escenario, y remarcó que la postura de la Real Federación Española de Fútbol siempre fue la misma: había voluntad total para jugar ese partido, que finalmente terminó cancelándose.
El técnico también subrayó la importancia que tenía ese compromiso para la planificación deportiva de España. La Roja no tenía actividad desde noviembre, por lo que esa ventana internacional representaba una oportunidad valiosa para volver a competir, medir sensaciones y, además, hacerlo en un encuentro con un título en juego. En plena preparación rumbo al Mundial, ese tipo de partidos no solo elevan la exigencia, sino que también ayudan a afinar detalles en un grupo que busca llegar en plenitud a la gran cita.
Reacciones y polémica por la cancelación
Cabe recordar que el presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, también se manifestó en redes sociales para fijar postura. “Somos campeones del mundo, bicampeones de América y campeones de la Finalissima”, escribió, añadiendo además que no había diferencia entre jugar el 31 en Barcelona o en Italia y pidiendo “seriedad” en torno al tema.
Como era de esperarse, esas declaraciones tampoco fueron bien recibidas en el entorno del actual campeón de Europa, y la respuesta de Luis de la Fuente terminó siendo una contestación lógica, firme y medida. En España consideran que siempre existió disposición para disputar el partido, pero que las condiciones necesarias para cerrarlo nunca terminaron de alinearse.
También ha trascendido que se exploraron distintas alternativas de sede, entre ellas Madrid y Buenos Aires, aunque ninguna terminó prosperando. Más adelante surgió la propuesta de mover el encuentro al 31 de marzo, una fecha que no terminaba de ajustarse a los planes de la selección española. Al final, entre desacuerdos logísticos, calendarios apretados y posturas cruzadas, la Finalissima simplemente no se jugó.
Lo que más ruido ha generado en España no es solo la cancelación del partido, sino el hecho de que desde Sudamérica se haya instalado la idea de que Argentina debía ser considerada campeona sin que el encuentro se disputara. Ahí es donde está el verdadero foco de la molestia: no hubo partido, no hubo silbatazo inicial y, por lo tanto, tampoco debería haber un campeón oficial en la cancha.
Este episodio, lejos de cerrarse, parece abrir un nuevo capítulo en la relación entre ambas confederaciones alrededor de un torneo que, en teoría, estaba llamado a enaltecer el choque entre campeones. En cambio, terminó envuelto en declaraciones, reproches y versiones encontradas. Y viendo cómo reaccionaron ambas partes, da la impresión de que esta historia todavía está lejos de terminar.


















