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El gran misterio de la Copa del Mundo: ¿qué pasó realmente con el trofeo original?
Uno de los trofeos más icónicos del futbol desapareció para siempre
Las reglas que rodean a la Copa del Mundo hoy en día han sido moldeadas por las lecciones que ha dejado la historia del torneo. Una de las historias más sorprendentes tiene que ver con el propio trofeo, la decisión de rediseñarlo y la manera en que la versión original se perdió para siempre.
Muchos consideran que el trofeo de la Copa del Mundo es literalmente invaluable. Su valor va mucho más allá de los materiales con los que fue fabricado. Lo que realmente importa es el simbolismo que representa levantar el premio más importante del futbol, aunque sea una vez cada cuatro años.

Desde la primera Copa del Mundo en 1930 y hasta 1970, los campeones recibieron el Trofeo Jules Rimet. Creado para el torneo inaugural organizado y ganado por Uruguay, fue diseñado por el escultor francés Abel Lafleur y mostraba a Nike, la diosa griega de la victoria, sosteniendo una copa dorada. Sin embargo, después de una serie de acontecimientos extraordinarios, la FIFA terminó reemplazandolo por el trofeo que se utiliza en la actualidad.
Un trofeo que sobrevivió a la guerra y a los robos
Mucho antes de desaparecer para siempre, el Trofeo Jules Rimet ya había sobrevivido a varios momentos críticos. Durante la Segunda Guerra Mundial, el vicepresidente de la FIFA, Ottorino Barassi, lo retiró en secreto de una bóveda bancaria en Roma. Temiendo que las fuerzas nazis lo confiscaran como botín de guerra, decidió esconderlo dentro de una caja de zapatos debajo de su cama hasta que terminó el conflicto.
El trofeo volvió a ocupar titulares en 1966, pocos meses antes de la Copa del Mundo celebrada en Inglaterra. Fue robado de una exhibición pública en Londres, provocando una búsqueda internacional. Una semana después, un perro collie llamado Pickles lo encontró envuelto en papel periódico debajo de un arbusto, permitiendo que el trofeo fuera recuperado a tiempo para el torneo.
En aquella época, la FIFA había establecido que cualquier selección que ganara tres títulos mundiales obtendría la posesión permanente del trofeo original. Brasil alcanzó esa marca en 1970 al derrotar a Italia en la final, consiguiendo su tercer campeonato del mundo y quedándose con el Jules Rimet de manera definitiva.
La desaparición que cambió la historia del futbol
La historia tomó un giro trágico en diciembre de 1983. Ladrones irrumpieron en la sede de la Confederación Brasileña de Futbol en Río de Janeiro y se llevaron el trofeo. A diferencia de lo ocurrido en Londres años atrás, esta vez nunca regresó.
Después de que las autoridades capturaran a personas vinculadas con el robo, surgieron reportes que indicaban que el trofeo había sido fundido y que el oro fue vendido. Por esa razón, el Jules Rimet nunca pudo ser recuperado. Si esa versión fue completamente cierta o no sigue siendo uno de los grandes misterios del futbol, pero la realidad es que el trofeo jamás volvió a aparecer.
Su desaparición marcó el final de una era. El Jules Rimet se convirtió en el último de su especie, mientras que la FIFA ya había introducido un nuevo diseño en 1974, el mismo que continúa entregándose hasta nuestros días.
Las estrictas medidas de seguridad actuales reflejan las lecciones que dejó el turbulento pasado del trofeo. Hoy, el trofeo original de la Copa del Mundo está fuertemente protegido y solo puede ser manipulado directamente por los campeones del mundo y por Gianni Infantino sin utilizar guantes.
Desde el cambio de diseño, la FIFA mantiene un control absoluto sobre el trofeo. Los jugadores lo reciben durante la ceremonia de premiación y los festejos oficiales, pero posteriormente debe regresar al organismo rector del futbol mundial. La versión que permanece con los campeones es una réplica fabricada con una mezcla de bronce y zinc, cubierta con tres capas de oro de 18 quilates.
Aun así, el material es lo de menos. Ya sea de oro o de papel, la Copa del Mundo sigue siendo el máximo premio del futbol. Para quienes logran levantarla, el verdadero valor está en asegurar un lugar en la historia y formar parte de un legado que ni siquiera la desaparición del trofeo original pudo borrar.











