¿Quién será el reemplazo de Messi con el 10 de Argentina?

De Diego a Leo: cuando el 10 elige a su heredero

La sucesión anterior tuvo algo que ésta ya no podrá tener: la bendición del rey saliente. Fue Diego Maradona quien, como entrenador de Argentina, le entregó definitivamente la 10 a Messi en 2009 y comenzó a empujarlo hacia el centro de la escena. Años después, cuando las comparaciones y las críticas todavía perseguían a Leo, Diego prácticamente profetizó lo que vendría: “Dejá que los demás hablen, que vas a ser el mejor de toda la historia”.


Messi terminó llevando también la cinta durante 15 años, desde 2011 hasta 2026. Diego señaló al heredero. Ahora Messi se marcha sin uno evidente. Y acaso allí comienza el verdadero debate.

Una cinta, un heredero natural

La camiseta puede esperar. El brazalete, no tanto. Cristian “Cuti” Romero corre con ventaja para convertirse en el nuevo capitán de Argentina. Ya llevó la cinta ante Chile y Venezuela en 2025 y frente a Mauritania en 2026. Sin Messi ni Otamendi, es el heredero natural: titular, campeón del mundo, personalidad fuerte y voz propia dentro del vestuario. Pero Scaloni todavía no hizo oficial la sucesión.



Enzo: 268 millones de dólares después

Si la capitanía también se construye sobreviviendo a la presión, Enzo Fernández tiene credenciales. Chelsea pagó al Benfica £106 millones —unos US$143 millones— después de Qatar 2022, convirtiéndolo entonces en el argentino más caro de la historia. Tres años después, Manchester City volvió a romper el mercado: £125 millones, alrededor de US$169 millones, para llevárselo de Stamford Bridge.

A los 25 años, campeón mundial y de América y con contrato hasta 2031, Enzo aparece como el candidato capaz de gobernar el mediocampo durante el próximo ciclo. Tiene personalidad de capitán. La pregunta es otra: ¿tiene también alma de 10?

¿Y si la 10 es para Alexis?

Si el brazalete parece encaminado, la camiseta ofrece una discusión mucho más abierta. Y Alexis Mac Allister merece estar en primera fila.

Campeón mundial, 27 años, titular indiscutido y futbolista del Liverpool, Alexis conoce perfectamente ese número: usa la 10 en Anfield, la llevó en Brighton y Argentinos Juniors y también la vistió con Argentina en el Preolímpico Sub-23 y los Juegos Olímpicos.

Nico Paz: el europeo que eligió ser argentino

Hay algo particular en Nico Paz. Nació y se crió futbolísticamente en Europa, pasó por La Fábrica y debutó profesionalmente con el Real Madrid antes de encontrar en el Como italiano el territorio donde construir su propio nombre. En ese sentido, su recorrido tiene un eco inevitable con Messi: un argentino formado lejos de Argentina que debe construir su vínculo con la Albiceleste desde la distancia.

A los 21 años, decidió permanecer otra temporada en Como incluso cuando el Madrid tenía abierta la puerta de regreso. El club blanco conserva una opción de recompra para 2027. Zurdo, elegante, cerebral y con fútbol entre líneas, Paz parece diseñado para entrar en la discusión. La joya del Madrid está haciendo sus bases a orillas del lago de Como antes de intentar conquistar Buenos Aires.

Almada: volver para jugar, ¿alejarse para ser el 10?

Thiago Almada presenta el caso más contradictorio. Tiene 25 años, es campeón del mundo, conoce el ciclo Scaloni y posee características naturales de enganche. Pero su actualidad abre interrogantes.



Después de una temporada irregular en Atlético de Madrid —40 partidos, cuatro goles y dos asistencias— eligió regresar al fútbol argentino y River pagó alrededor de €20 millones por su pase. La decisión le garantiza continuidad, pero también lo aleja momentáneamente de la máxima vidriera europea.

Y llega a un River golpeado, eliminado de la Sudamericana, sin competencia internacional por delante y atravesando una de las crisis deportivas e institucionales más profundas de los últimos años. Para Almada, volver puede ser el impulso que necesitaba. O un riesgo enorme justo cuando la 10 argentina busca dueño.

Lautaro: el capitán que no necesita el 10

Lautaro Martínez representa quizás la candidatura más lógica para una de las tres herencias. Capitán del Inter, campeón del mundo y de América, goleador y voz fuerte del vestuario argentino.



El interrogante está puesto en el calendario: llegará al próximo Mundial con 33 años. Puede ser el hombre que reciba el brazalete para conducir la transición sin que eso implique entregarle también la 10. Porque quizá ésa sea la primera gran diferencia de la era post-Messi: el capitán puede ser uno y el dueño del fútbol, otro.

Mastantuono: el futuro que ya probó la camiseta

Franco Mastantuono pertenece a otra generación y justamente por eso seduce. Ya tuvo la experiencia de ponerse la 10 argentina en ausencia de Messi y carga con esa mezcla de talento, zurda y desparpajo que históricamente enamora al fútbol argentino.

Su desafío es transformar promesa en continuidad. El dorsal puede esperar: después de casi dos décadas sobre la espalda de Messi, quizás entregarlo demasiado rápido sea también una forma de quemarlo.

Tomás Aranda: el nombre que todavía se dice en voz baja

Y después está Tomás Aranda, el nombre menos obvio de la conversación. Fue sparring de la Selección, entró en el radar del cuerpo técnico y recibió elogios de Lionel Scaloni. Todavía está varios escalones por debajo de los candidatos consolidados, pero representa algo que Argentina conoce perfectamente: ese futbolista que aparece desde atrás mientras todos miran hacia otro lado.

Hoy sería una apuesta. Siendo el 10 de Boca Jrs. le sobran chances; mañana, quién sabe. Las camisetas pesadas también construyen historias inesperadas.

La 10, la cinta y el trono

Durante 15 años Argentina tuvo resuelto un problema que ahora parece enorme.

Messi era las tres cosas.

Era el 10.

Era el capitán.

Era el referente.

Tal vez el error sea buscar otro futbolista capaz de heredarlo todo.

Lautaro puede llevar la cinta. Enzo puede comandar al equipo. Julián puede convertirse en su figura. Nico Paz, Mastantuono o Almada pueden reclamar la camiseta que alguna vez pasó por Kempes, Maradona, Ortega, Riquelme y Messi.

Porque esta vez Diego ya no está para señalar al próximo y decirle que deje hablar a los demás.

La 10 quedó sobre una silla.

El brazalete, al lado.

Y por primera vez en mucho tiempo, Argentina tiene que decidir si ambos deben terminar en las mismas manos.