Lionel Messi hacía de todo en el Barcelona, hasta fichar jugadores
Lionel Messi no solo dominaba el balón en el FC Barcelona; su influencia era tal que actuaba como el imán definitivo para atraer talento al Camp Nou. Recientemente, ha salido a la luz una de las anécdotas más curiosas que confirman el peso del astro argentino en la planificación deportiva del club
"Entonces, ¿nos vamos al Barcelona o no?"
El protagonista de esta historia es el brasileño Paulinho. Durante un amistoso entre Argentina y Brasil en Australia, el mediocampista se disponía a cobrar una falta junto a Willian cuando Messi lo interrumpió con una pregunta directa que lo dejó gélido.
"Leo se me acercó, me miró a los ojos y me soltó: 'Entonces, ¿nos vamos al Barcelona o no?'. Así, sin más preámbulos", confesó Paulinho en una entrevista para Barca Universal.
En aquel entonces, Paulinho militaba en el Guangzhou Evergrande de la liga china, un destino que parecía alejarlo del radar de los gigantes europeos. El brasileño admitió que, en el momento, pensó que se trataba de una broma de Messi para desconcentrarlo antes de patear el balón.
De la incredulidad a la firma
La duda fue tan grande que Paulinho no esperó a llegar al vestuario para buscar respuestas. Presa del pánico y la emoción, contactó de inmediato a su agente: "¡Dime si esto es real o me estoy volviendo loco!", le exigió. Incluso consideró escribirle a Neymar para confirmar los rumores.
Un mes después, la profecía de Messi se cumplió. El representante llamó al volante para confirmarle que el acuerdo estaba cerrado. Paulinho aterrizó en la Ciudad Condal no por un informe de scouting convencional, sino por la bendición directa del "10".
Un paso fugaz pero efectivo
Aunque su estancia en Barcelona fue breve (solo la temporada 2017-2018), los números de Paulinho desmintieron a los críticos iniciales:
- Goles: 9
- Asistencias: 3
- Títulos: Campeón de LaLiga y Copa del Rey.
A pesar de no ser un "fichaje de época", el brasileño cumplió con creces antes de regresar a China, dejando para la posteridad la prueba de que, cuando Messi quería a alguien en su equipo, solo bastaba una mirada y una frase en el círculo central.












