Rápidos y furiosos

Reuters

Elba Navarro
@elbanavarro21

Dijo Confucio que: “El hombre que ha cometido un error y no lo corrige, comete otro error mayor” Basándome en esta premisa, voy a comenzar pidiendo disculpas a Héctor Barberá. La semana pasada me di por aludida al leer una entrevista suya donde decía que la prensa no le había protegido. “Héctor Barberá se ceba con la prensa” fue mi titular. El piloto valenciano se puso en contacto conmigo, hablamos, y entendí su punto de vista que nada tenía que ver con mi percepción inicial. Al final los dos pensamos lo mismo, aunque lo expresamos diferente. Ambos estamos en contra de ciertos medios sensacionalistas que hacen leña del árbol caído, y a favor de corregir errores y seguir adelante.

El que lo tiene más complicado para continuar su camino de momento es Romano Fenati. La FIM (federación internacional de motociclismo) le ha retirado la licencia hasta la próxima temporada 2019 por el incidente vivido con Stefano Manzi en San Marino. El italiano había anunciado que se retiraría del motociclismo, pero con 22 años y su talento sería una gran pérdida para el mundial. Ojalá este tiempo pueda trabajar el carácter. No para tener menos, sino más. El suficiente para no responder a las provocaciones externas.


De esto sabe mucho Jorge Lorenzo. Hace dos días les confieso que me impactó su analogía de la vida con una montaña rusa. No puedo estar más de acuerdo con él. Por ello le dedico esta frase de Mahatma Gandhi: “cuando hay una tormenta, los pajaritos se esconden, pero las águilas vuelan más alto.  Recupérate pronto águila, que quiero verte volar.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Siempre he pensado que la vida y el deporte son como una montaña rusa, una mezcla de momentos y emociones. Como en la famosa atracción, muy pronto nos podemos encontrar con una subida, larga y estable. Cuando eres novato, piensas que tu vida va a ser siempre así, en continua ascensión. Piensas, ingenuamente, que esas bajadas que han sufrido tus padres o tus amigos no las vas a tener que pasar tu. Incluso a los que, como yo, hemos subido y bajado cientos de veces nos gusta obviar lo que ya sabemos: Todo lo que sube tiene que bajar. Porqué al final siempre llega esa caída, a veces tan abrupta y larga que parece que va a ser el fin (aunque casi nunca lo es). Entre esos dos momentos extremos también hay subidas y bajadas más cortas, tirabuzones que te hacen perder el norte y curvas ciegas que te imposibilitan saber cual va a ser tu destino con exactitud. Gracias a ese contraste de emociones uno se llega a sentir vivo y por eso las montañas rusas son tan adictivas. Para poder apreciar la satisfacción y seguridad de una subida necesitas pasar por la angustia y las dudas que te genera una bajada. Para poder apreciar la claridad de visión necesitas pasar por los tirabuzones y para que la vida no se vuelva previsible son necesarias las curvas ciegas. Creo que cada uno de nosotros vivimos montados en nuestras montañas rusas particulares. Y aunque a veces algunas nos lleguen pre fabricadas, en la mayoría de los casos somos nosotros mismos los ingenieros/constructores de las mismas. Eso sí, una vez subidos al vagón solo podemos decidir la manera que vamos a vivir esos momentos. Yo, ayer viví mi última bajada. No me gustó. De hecho la odié con todas mis fuerzas mientras me auto maldecía por no haberla previsto antes. Ahora, tumbado en la cama y con el pie envuelto en una bolsa de hielo, no dejo de pensar cómo puedo mejorar mi próxima montaña rusa y si voy a conseguir vivirla mejor.

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Este fin de semana les espero en beIN SPORTS con la ronda 11 de WorldSBK en Magny-Cours 😉
 

HÉCTOR BARBERÁ SE CEBA CON LA PRENSA

ROMANO FENATI: ¡A LOS LEONES!

MISANO: TERRITORIO ROSSI

TITO RABAT: ESPÍRITU DE HIERRO, CUERPO DE TITÁN


¿Qué es De 0 a 100

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