Conmebol suspende la final de la Libertadores

Reuters

Catalina Uribe

La que estaba prevista como una gran fiesta del fútbol terminó siendo una vergüenza para Argentina y para la Conmebol, pues los incidentes previos al partido de vuelta de la final de la Copa Libertadores entre Boca Juniors y River Plate no sólo se “robaron el show”, sino que forzaron la suspensión del encuentro en el Estadio Monumental.

Todo comenzó el sábado, cuando el bus de Boca fue atacado por hinchas de River, quienes lanzaron botellas y piedras, rompiendo los vidrios del vehículo. Como agravante, la policía de Buenos Aires lanzó gas lacrimógeno para dispersar a los agresores, pero este afectó también a los jugadores, quienes llegaron al estadio con vómito y con los ojos enrojecidos.

Los médicos de la Conmebol los examinaron, pero aunque vieron las lesiones que ellos habían sufrido, aseguraron que no había “causal” de suspensión, puesto que no podían constatar las lesiones de córneas del capitán Pablo Pérez y de Gonzalo Lamardo, quienes fueron atendidos en un hospital privado.

Estos hechos se hicieron más evidentes cuando circularon fotos que mostraban las heridas de Pérez y Lamardo, así como videos con el pánico de los jugadores pidiendo atención médica en el bus y de lo sucedido en el vestuario.

En medio de semejante caos, el partido, que estaba programado inicialmente para las 17:00 (15:00 ET), fue aplazado primero para las 18:00 (16:00 ET) y luego para las 19:15 (17:15 ET).

Pero tras las declaraciones de Carlos Tevez y Fernando Gago de que la Conmebol los "estaba obligando a jugar" pese a que ellos no estaban en condiciones, finalmente se decidió que se jugaría el domingo en el horario original del sábado.

No obstante, Boca volvió a insistir en que la final no se jugaría en condiciones de igualdad, por lo que pidieron un nuevo aplazamiento del partido, decisión que fue aceptada por la Conmebol, la cual todavía no ha comunicado cuándo se jugará definitivamente.

Estos lamentables hechos dejan dos grandes conclusiones.

Primero, los argentinos quedaron como una sociedad violenta e intolerante que no sabe respetar la vida ni los gustos de sus compatriotas, demostrando que no están preparados para que los dos clubes más importantes de su país, e incluso de Latinoamérica, se enfrenten en un evento tan importante como la final de la Copa Libertadores.

Segundo, la Conmebol quedó como una entidad inhumana e insensible, a la que le preocupaba más el resultado de un partido de fútbol que la integridad física y emocional de los profesionales que iban a jugar, pues el partido debió suspenderse desde el principio, sin darle más largas al asunto.
Vamos a ver cómo termina esta novela, pero por ahora coincido con que la mejor decisión fue suspender el encuentro, pues la igualdad de condiciones debe garantizarse siempre.

Incluso, yo propondría que se declare desierto el título, pues aunque finalmente haya un ganador, la final no será recordada por eso, sino por haber sido la excusa para que unos desadaptados convirtieran una fiesta en un episodio lamentable, que por fortuna no tuvo víctimas fatales. Además, sería una verdadera lección para que todos los involucrados aprendan que una victoria en un juego no puede ser excusa para atentar contra la vida de nadie.